Francisco Adolfo Caicedo

En Grano de Oro

En Grano de Oro

Allacito del puente de la quebrada de la ortiza, al soslayo del tejar de don Hermes Vivas, existió un negocio, le decían grano de oro, regentada por Froilán Niño, donde acudían peones de la tinta, Sabaneta, San Francisco y el Corozo.

En cierto tiempo, visitaba el negocio un peón moreno, fornido y de malas pulgas que por detalles pueriles arremetía en perjuicio de los clientes.

En una ocasión, llegó pasado de palos por lo que Froilán Niño, comisario de la aldea lo instó a un buen comportamiento, indicándole la presencia del juez de aldea, al que llamaban ramonote, quien dormitaba en un taburete, aquel se le acercó y comenzó a importunarlo, no conforme con ello, pidió un trago de aguardiente y se lo arrojó al rostro e invitándolo a reñir.

Ramonote  hombre fornido, paciente y de inmensas manos le reclamó su actitud y su irrespeto a la autoridad, en rápido movimiento el pelearín le colocó una cuchilla en el cuello, más en cuestión de segundos  su mano fue estrujada  y su cara recibió un fuerte manotazo  que lo envió debajo de una de las mesas, luego lo levanto y lo amarró a una de las fiestas amarradas frente al negocio, esa madrugada llovió copiosamente, al otro día lo llevaron al comando de policía con su respectivo informe, donde estuvo varios días en uno de los calabozos, entre tanto, una inmensa abundada del río Torbes se llevó a grano de oro y otras viviendas de los lugareños.

Grano de Oro